cumple, paintball y otras cosas
Tenía miedo a que llegara el día de mi cumpleaños, era una de esas fechas que ha pasado a ser definitivamente temida en el calendario. Ya no sólo por lo del paso de los años, y lo rápido que pasa el tiempo y patatín y patatán, sino por recuerdos de pasados cumpleaños.
Pero es curioso cómo el año pasado -supuestamente en una época más feliz de mi vida- me deprimí enormemente por mi cumpleaños (hubo un olvido masivo de él), y este año -supuestamente peor- ha servido para darme cuenta que tengo a mucha más gente que me quiere que el año pasado. Creo que ha sido el mejor cumpleaños de mi vida, y con eso lo digo todo.
El día de mi cumpleaños no es que hiciera gran cosa, pero se acordó mucha gente de mí (ver post anterior) y eso me hizo estar bastante contenta todo el día. Luego al día siguiente empezaba la kedada, en la que nos reunimos gran parte de la gente que quiero, y siempre digo que en eso soy como mi abuela, sólo está contenta cuando nos ve a todos reunidos. Aunque es cierto que eché de menos, sobre todo, a Nat, pobrecica mía.
En el paintball lo pasamos bastante bien, aunque yo me ofusqué bastante por el hecho de que hubo unas cuantas partidas en las que me daban en seguida y apenas podía jugar (¡es porque los parapetos no tapaban!) y esta vez, a diferencia de cuando fuimos en verano, sí que me dieron varias veces en el cuerpo, causándome moratones de diferente índole. Al día siguiente, parecíamos ancianitos, y cada escalón se transformaba en un alarido de dolor, jajaj.
El resto del fin de semana, la pasamos básicamente caminando, en algún restaurante o en alguna cafetería, como siempre, pero eso es lo de menos.
Tengo que decir que hacía mucho mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien ni me reía tanto.