yo (corazón) Italia
Aterrizamos en Pisa y la visitamos... es cierto que no tiene mucho más que el Campo dei Miracoli, pero ya sólo por eso merece la pena ir.
Por la tarde llegamos a Florencia en tren, donde nos alojaríamos tres noches. Paseando, llegamos al gran Duomo, tan bonito que me entraron ganas de llorar y no es coña. También paseando, llegamos al Ponte Vecchio, un puente que alberga na menos que 44 joyerías, ¡ahí es na!
Al día siguiente, viajamos hasta Siena, antigua rival de Florencia con la que se disputaba la capitalidad de la Toscana. Siena es un pueblecillo muy curioso y acogedor, con sus callecitas estrechas y sus casas bien cuidadas. El Duomo de Siena, a diferencia de el de Pisa, por ejemplo) era precioso por dentro y por fuera. Pero de lo que más nos gustó de Siena fue un monumento que no venía en ninguna guía, jajaja.
Por la noche, paseamos también por Florencia, y tocamos el famoso jabalí que has de tocar si quieres volver a la ciudad.
El tercer día lo dedicamos a Florencia por entero, y por la mañana fuimos a la famosa galería de los Ufizzi en cuya cola para entrar conocimos a unos pacenses muy majos que nos amenizaron la espera. Luego entramos en el Duomo (que no vale nada la pena, pero es gratis)y luego fuimos al mirador del Piazzale di Michelangello a observar las magníficas vistas que ofrecía de la ciudad. Callejeamos e intentamos entrar a Santa María Novella pero estaba cerrada.
Por la noche salimos un poquito, pero nos recogimos pronto que estábamos mueltecitas.
A la mañana siguiente, mientras mis compañeras de viaje iban a ver un museo de los cacharros que inventó Leonardo da Vinci, yo fui a la Santa Croce porque está llena de sepulcros ilustres como el de mi admirado Miguel Ángel o el de Galileo Galilei por ejemplo. Después, cogíamos un tren hacia Venecia a la que llegaríamos a primera hora de la tarde, como un pepe.
Venecia me encantó enteramente, es una ciudad preciosa, acogedora, diferente, con mucho encanto, antigua, no sé. Anduvimos mucho por Venecia, por sus calles que más que calles parecían un complicado laberinto, y vimos de pasada San Marcos y el Palacio Ducal. Más tarde subiríamos el gran canal en un típico vaporetto (barco-bus de Venecia) desde el que pudimos observar las bellas fachadas y los tres puentes, entre ellos, el famoso puente Rialto.
Al día siguiente entramos gratismente a San Marcos y con visita guiada en español también gratis (cómo me gustan las cosas gratis, de verdad), y más tarde al Palacio Ducal. Me encantó San Marcos, con todos sus mosaicos, qué bonito. Y después de zamparnos 3 helados seguidos (había que aprovechar), partimos hacia el aeropuerto.
El que aún no haya visitado Italia, tiene que ir, es una visita obligada. Nadie debería morir sin haber estado en alguna de estas ciudades.
Ya sé que me ha quedado una entrada laaarga y aburrida, pero yo qué sé, me ha salido así :/